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La espirulina es muy utilizada en cosmética, en máscaras faciales regeneradoras y descongestivas. También en tratamientos corporales. Se la prepara pura, diluida en gel, o en agar-agar. Se coloca con un pincel y se deja actuar durante unos diez minutos aproximadamente. La clorofila y la ficocianina que posee el alga ayudan en la formación de la sangre, renuevan los tejidos y contrarrestan la radiación.

Además, estimulan el sistema inmunitario, previniendo enfermedades degenerativas de la piel. Es por esa razón que muchas empresas utilizan la espirulina por sus proteínas, sus propiedades de óxido-reducción y una actividad estimuladora de los fibropiastos que la hace apta para tratamientos nutritivos del cutis y como antiarrugas.

Además de sus excelente beneficios en el área de la cosmética, la espirulina tiene otros grandes beneficios para la salud en general:

Rica en germanio, carbono y oxígeno, la espirulina permite que el organismo aproveche su energía metabólica y su potencia para neutralizar a los radicales libres, así como llevar a cabo procesos internos del organismo que permiten gozar de mejor nivel de salud. La espirulina combate a los radicales libres. Lo que hace es mantener a salvo al oxígeno celular de estos depredadores de oxígeno. Al desencadenar su acción oxidante en forma incontrolada, los radicales libres pueden deteriorar la estructura y funcionamiento de la mebrana celular que actúa como barrera semi-permeable a sus sustancias en neutro organismo.

Los procesos degenerativos como el cáncer, el envejecimiento celular y otros, disminuyen sin la acción de los radicales libres. Al salvaguardar el oxígeno molecular en las células se optimizan potencialmente todas y cada una de las funciones metabólicas en el organismo. La abundancia de oxígeno celular propiciada por el alga espirulina se traduce en términos generales en la sensación de un vigor extraordinario, muscular e intelectual y por consecuencia del estado de ánimo.

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Para mantener tu rostro hermoso y saludable te proponemos un shock facial con una exfoliación y una máscarilla cuyos resultados serán visibles en tu piel en cuestión de minutos. ¿Qué dices? El primer paso es una exfoliación suave para que la piel se vuelva receptiva y luego es el turno de la máscara. El segundo paso de este tratamiento facial consta de una mascarilla, una vez exfoliada, la piel está lida para recibir sus beneficios.

En la elección de máscaras, se debe conocer primero el tipo de piel y si presenta alguna patología que deseemos corregir (acné, rosácea, fotoenvoecimiento).
Existe una máscara para cada necesidad

Flaccidez facial: hay activos que mejoran o previenen la flaccidez cutánea ya que favorecen la síntesis de colágeno y elastina. Entre ellos están el DMAE y la vitamina C, importante antioxidante. Es aconsejable usarla también en zona de cuello y escote.

Cutis sensible o rosácea: se recomienda una máscara descongestiva con activos a base de hammamelis, malva, tilo, aloe vera, manzanilla, etc.
A nivel corporal, recupera la piel después de períodos de exposiciones solares.

Piel grasa y acné: conviene usar máscaras astringentes, que ayuden a regular la secreción sebácea. Las de fango o arcillas combinadas con activos descongestivos como hammamelis, caléndula o manzanilla dan excelentes resultados.

Envejecimiento cutáneo o fotoenvoecimiento: existen infinidad de activos para recuperar esta piel. Podemos nombrar máscaras con ADN, ácido hialurónico, vitaminas A, E, C, colágeno, elastina. Recuperan vitalidad, firmeza, luminosidad de la piel.
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Así se aplican las mascarillas faciales

Las máscaras se colocan con pincelo directamente con los dedos y se deja actuar de 10 a 20 minutos. Luego se enjuaga y, si es necesario, se coloca el producto adecuado (una crema humectante, por ejemplo). Esto va a depender del tipo de piel y de la máscara.

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